Bloomberg — Laura Sarabia admite que ella es una elección inusual para el máximo cargo diplomático de Colombia. No procede de una familia adinerada, no tiene mucha experiencia en relaciones internacionales y acaba de cumplir 31 años.
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“Es un cóctel de muchas cosas y eso para muchos es inexplicable”, dijo Sarabia en una entrevista sobre su rápido ascenso como ministra de Relaciones Exteriores bajo el mandato del presidente de izquierda, Gustavo Petro. Su nuevo cargo, explicó, representa una especie de “falla en el sistema, porque el sistema está destinado para que estos cargos los ocupen ciertas personas”.
Sarabia, que recibe el jueves a la jefa de Seguridad Nacional de Donald Trump, ha ascendido notablemente en solo tres años. Su primer puesto con Petro fue como asesora de campaña antes de las elecciones de 2022.
Después de su victoria, fue su jefa de gabinete y dirigió el departamento administrativo de la Presidencia, lo que la sentó en la mesa con algunos de los magnates más poderosos de Colombia. Y ahora viaja por el mundo defendiendo los intereses de la nación andina en el extranjero.
Además de ofrecer asesoría estratégica al exguerrillero, Sarabia ha actuado como conducto entre el gobierno de Petro y el sector privado. También se ha basado en la disciplinada ética de trabajo que le ha aportado su educación militar para intentar regular la impulsividad de Petro, que llevó al presidente a una breve guerra arancelaria con Trump a finales de enero.
Sarabia era relativamente desconocida antes de la campaña de 2022. Se inició en la política como asistente de Armando Benedetti, un poderoso camaleón político que fue legislador durante más de dos décadas. Ahora es ministro del Interior y es responsable de reparar los lazos y volver a encarrilar la agenda de Petro en el Congreso, un nombramiento que, al igual que el suyo, ha despertado malestar entre los puristas ideológicos dentro del gobierno.
Sus esfuerzos han tenido un comienzo lento, con un comité del Senado que archivó la reforma de Petro para aumentar las prestaciones de los trabajadores este mes, lo que ha llevado al presidente a proponer una consulta sobre sus reformas sociales.
Sarabia, sin embargo, ha recibido más elogios que críticas por su labor como puente entre el presidente y la clase dirigente colombiana. “Es una persona que entiende el contexto país”, dijo María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo-Americana. “Ha tenido un acercamiento, un manejo desde un punto de vista diferente al que Petro da a los empresarios”.
Mientras el líder de izquierda criticaba públicamente a magnates empresariales, banqueros y gigantes de la construcción, acusándolos de corrupción, explotación de trabajadores y malversación de fondos públicos, Sarabia se ocupaba de entablar relaciones.
Petro era abiertamente hostil con el multimillonario Luis Carlos Sarmiento Angulo, fundador y expresidente de la junta directiva del Grupo Aval, el mayor conglomerado financiero de Colombia. Entre bastidores, Sarabia representó al gobierno en eventos públicos junto a altos ejecutivos, entre ellos María Lorena Gutiérrez, presidenta del Grupo Aval.
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“Encasillarnos como amigos y enemigos ha dificultado que avancemos todos como un objetivo”, dijo Sarabia sobre su trabajo con la comunidad empresarial, hablando este mes desde su oficina en el Palacio de San Carlos, del siglo XVI, en Bogotá. “Mi posición, principalmente, es llevar esos diálogos improbables frente a diferentes sectores”.
Las relaciones que cultivó en sus funciones anteriores le resultaron útiles apenas una semana después de que fuera nombrada ministra de Relaciones Exteriores, cuando Petro, en una publicación en redes sociales un domingo temprano sobre el trato a los migrantes, enfureció a Trump.
El presidente de EE.UU. respondió con dureza a Colombia, imponiendo un arancel del 25% y provocando pánico entre la élite empresarial y política del país, dado que el país envía casi un tercio de sus exportaciones a su principal aliado en la región.
Lacouture, junto con otros líderes de la industria, intentó aprovechar sus contactos para evitar el desastre. Estos describieron cómo Sarabia y el entonces ministro de Comercio, Luis Carlos Reyes, reunieron apoyo interno, interactuando con los principales líderes empresariales y políticos. Sarabia también fue pragmática al llamar al expresidente Álvaro Uribe, uno de los opositores más prominentes de Petro.
A nivel externo, el predecesor de Sarabia como jefe de relaciones exteriores, el veterano diplomático Luis Gilberto Murillo, y el embajador de Colombia en EE.UU., Daniel García-Peña, trabajaron para contener los daños a través de sus contactos en EE.UU. Se comunicaron con figuras clave de la administración Trump, entre ellas Mauricio Claver-Carone, y resolvieron la crisis tras nueve horas de una manera que permitió a ambas partes cantar victoria.
Ahora, Sarabia debe convencer a EE.UU. de que Colombia sigue siendo un socio fiable tanto en materia de migración como en su lucha contra las drogas ilegales. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, visita Colombia esta semana, ya que Washington se muestra impaciente con el país, afirmando que debe mostrar “progresos inmediatos y tangibles en la erradicación” después de que el gobierno de Petro cambiara de rumbo para centrarse más en la incautación de cargamentos.
Aunque Sarabia dijo que su objetivo es restablecer las relaciones con Washington confiando en “canales establecidos” en lugar de en la “diplomacia de micrófonos”, Lacouture dijo que los líderes empresariales están tratando de cultivar sus propios contactos en EE.UU. para reducir la dependencia del gobierno de Petro.
El control de la agenda del presidente por parte de Sarabia irritaba a algunos miembros de su movimiento político. La exministra de Agricultura, Cecilia López, se quejó de que no podía reunirse con su jefe, y añadió que Sarabia incluso asumía algunas de sus funciones, como nombrar y destituir a los funcionarios. “Petro le ha delegado a ella todo el manejo del gobierno”, dijo López en una entrevista.
Sarabia también dejó el gobierno brevemente después de verse envuelta en un escándalo. En 2023, una mujer a la que había contratado como niñera alegó que había sido interrogada y sometida a una prueba de polígrafo por la desaparición de una maleta que contenía dinero en efectivo.
Los medios de comunicación locales publicaron entonces audios filtrados en los que Benedetti le gritaba a Sarabia y la amenazaba con revelar detalles perjudiciales sobre la financiación de la campaña. Petro los destituyó a ambos en medio de la parálisis resultante.
La ministra de Relaciones Exteriores, que niega haber actuado mal y no ha sido condenada por ningún delito, declinó en su entrevista hablar del caso, ya que todavía está bajo investigación.
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Pero después de su tiempo fuera del gobierno, el presidente volvió a incluirla, y también a Benedetti, en su círculo íntimo, una decisión que provocó una manifestación pública de quejas. Varios altos funcionarios, entre ellos la vicepresidenta, Francia Márquez, se quejaron de Sarabia y Benedetti en una reunión del gabinete televisada, que se convirtió en una recriminación llena de lágrimas.
Cuando se le preguntó sobre las divisiones dentro del gabinete, Sarabia dijo que el “poder” que sus críticos le atribuyen ha sido sobreestimado y que todo lo que ha hecho ha tenido el aval de Petro. “Yo creo que insinuar que yo puedo cambiar un ministro o cambiar un funcionario del Gobierno sin que el presidente se entere o sin que él diga nada es faltarle el respeto al presidente” dijo.
Hablando sobre la naturaleza conservadora de su crianza y educación militar, Sarabia admitió que ella y los seguidores de Petro tienen sus diferencias. “No me imaginé trabajar en un gobierno progresista”, dijo. “Muchos no entienden el por qué yo he logrado estar donde estoy, me consideran como una extraña en el proyecto”.
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