El fenómeno climático deja de ser un riesgo meteorológico para convertirse en una variable financiera. Analistas prevén presiones sobre la inflación, cambios en la política monetaria y un nuevo mapa de ganadores y perdedores en América Latina.
Expertos del sector energético plantean que el próximo Gobierno deberá tomar decisiones desde el inicio de su mandato para fortalecer la liquidez del sistema, garantizar el suministro de gas natural y preparar la infraestructura ante un eventual Niño.
La aparición de El Niño se produce cuando los agricultores brasileños ya han sufrido este año las consecuencias de la guerra en Irán, que ha disparado los precios de fertilizantes y combustibles.
El Niño, confirmado por los científicos a principios de este mes, se caracteriza por un calentamiento del océano Pacífico que altera los patrones climáticos globales, lo que puede dañar los cultivos.
Oxford Economics concluye que América Latina afronta un riesgo relativamente menor frente al regreso de El Niño gracias a condiciones agrícolas más favorables y a una menor presión sobre la inflación alimentaria que otras economías emergentes.
La alta probabilidad de un El Niño fuerte en 2027 podría elevar las temperaturas en algunas partes del mundo, disparando la demanda de energía, perjudicando las cosechas y reactivando las presiones inflacionarias.
Las temperaturas en una zona del Pacífico ecuatorial que se supervisa de cerca para definir los fenómenos de El Niño y La Niña se sitúan actualmente en 29,4°C (84,9°F), es decir, 1,7°C por encima de la media de los últimos 30 años.
La aparición del fenómeno coincide con un momento en que los precios del cacao se habían estabilizado tras las alzas de 2024, pero los riesgos para la próxima cosecha vuelven a poner en duda cuánto durará esa normalización.
El Niño vuelve al radar de los inversionistas. Saxo Bank advierte que el fenómeno podría aumentar la volatilidad en los mercados de materias primas durante los próximos meses.
La autoridad de la vía interoceánica revisa medidas preventivas para enfrentar una eventual sequía, con el objetivo de evitar las interrupciones al comercio marítimo registradas hace tres años.
Una combinación de factores, incluidos el mal clima, los aranceles y una baja en las cabezas de ganado, ya está impulsando los precios de los alimentos a un ritmo superior al promedio.
Las previsiones para el verano apuntan a temperaturas más altas de lo normal en toda Asia, mientras que un patrón meteorológico de El Niño podría hacer las cosas aún más calurosas.
La tierra no puede absorber toda el agua de las tormentas fuertes y esporádicas, dejando que gran parte de ella se evapore. Eso está ocurriendo a escala mundial, según una nueva investigación.
“Los fenómenos climáticos extremos seguirán ocurriendo, pero podemos evitar que desencadenen crisis humanitarias”, dijo Lena Savelli, Directora regional del Programa Mundial de Alimentos.
Meteorólogos de Estados Unidos elevaron la probabilidad de un fenómeno de El Niño en los próximos meses, con riesgos de impactos extremos sobre cultivos, energía y temperaturas globales.