El año pasado se destruyeron 140.000 hectáreas de la Amazonía colombiana, lo que equivale a unos 20 campos de fútbol cada hora. Eso es más del triple del nivel en 2015, antes de la firma del acuerdo.
Si bien los empresarios han sido actores clave en el proceso, su contribución al esclarecimiento de la verdad no ha sido completo y aún las heridas están abiertas.