Aunque un salto hasta los US$100 no es actualmente un consenso entre los analistas, es un riesgo que los alcistas de la renta variable están considerando.
Las acciones estadounidenses cerraron con pérdidas en una jornada dominada por la aversión al riesgo, en medio de temores sobre la IA y la crisis en Medio Oriente.
Las acciones estadounidenses cerraron a la baja, en medio de dudas sobre la sostenibilidad del rally tecnológico. El petróleo cayó en medio de las negociaciones con Irán.
Las acciones de EE.UU. cerraron con avances moderados tras el fallo que limitó los aranceles de Trump y su anuncio de un nuevo gravamen del 10%. El dólar cayó, los rendimientos subieron y el mercado digirió señales mixtas de crecimiento e inflación.
La tensión geopolítica reconfigura las expectativas en el mercado petrolero. El despliegue militar en Medio Oriente y las señales de la Guardia Revolucionaria iraní impulsan coberturas alcistas.
El S&P 500 retrocedió en una jornada de mayor aversión al riesgo, con el crudo repuntando por encima de los US$70. Las preocupaciones por el crédito privado también golpeó a las acciones.
El S&P 500 cerró al alza tras la publicación de las minutas de la Reserva Federal, que si bien mantuvieron un sesgo restrictivo, no alteraron las expectativas inmediatas de política monetaria.
La sesión estuvo marcada por fuertes oscilaciones en acciones tecnológicas ligadas a inteligencia artificial, señales desde la Reserva Federal y un ajuste en commodities como el petróleo y el oro.
El renovado apetito por las megatecnológicas impulsó al Nasdaq y acercó al S&P 500 a sus récords, en una jornada marcada por la cautela ante datos clave para la política monetaria.
Las bolsas estadounidenses arrancaron febrero con alzas, a medida que se modera la corrección en los metales preciosos. El dólar registra una renovada fortaleza.
El crudo de referencia alcanzó su nivel más alto desde septiembre impulsado por riesgos geopolíticos en Medio Oriente, disrupciones puntuales en la oferta global y una demanda inesperadamente fuerte.
El oro, la plata y el cobre marcarán el nuevo paradigma de precios hasta 2026, impulsados por tensiones geopolíticas, acumulación de reservas y menor dependencia del dólar.
El rebote de las acciones energéticas en 2025 refleja un cambio en la percepción de largo plazo sobre el sector, que vuelve a captar interés a medida que la demanda global se mantiene firme.