Powell no salvará a la Reserva Federal con su silencio

Jerome Powell
Por Jonathan Levin
29 de agosto, 2025 | 07:24 AM

Durante los últimos seis meses, el presidente Donald Trump desplegó una campaña implacable y pública a favor de recortes de las tasas de la Reserva Federal, incluidos ataques ad hominem contra su presidente Jerome Powell.

El pasado viernes, en un discurso que pronunció en el simposio de bancos centrales más importante del año, Powell mantuvo la cabeza baja y se enfocó en las perspectivas macroeconómicas y el marco de política del banco central, poniendo la otra mejilla como ha hecho en repetidas ocasiones durante las dos presidencias de Trump.

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Sin embargo, con el intento de destitución de la gobernadora Lisa Cook, el ataque de Trump a la independencia de la Fed ya pasó de ser una amenaza a una acción directa.

Aunque los esfuerzos de Trump no prosperen en los tribunales, ya están erosionando la confianza de que las autoridades de la Reserva Federal puedan cumplir con el mandato del Congreso de mantener la estabilidad de los precios y el máximo empleo sin influencias políticas.

Powell debe enviar un mensaje muy claro de que la institución sigue siendo fuerte y no se dejará intimidar. La declaración escrita de la Fed de este martes fue un buen comienzo, pero no es suficiente.

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En una carta difundida el lunes en la red social Truth Social, Trump informó a Cook que la destituía de su cargo sobre la base de acusaciones de que “pudo haber realizado declaraciones falsas en uno o más contratos hipotecarios”. La medida se enmarca en un escenario en el que Trump y su equipo han estado estudiando de forma activa cómo conseguir su objetivo de bajar las tasas de interés.

En otro post del viernes, Trump compartió una imagen de los siete miembros de la Junta de Gobernadores de la Fed etiquetados como designados por “Biden” (3) o por “Trump” (3). Cook, la teórica responsable de desempatar, figuraba en el centro del gráfico con una X roja sobre su rostro.

El nada sutil mensaje transmitía que Trump podría ejercer influencia en la junta destituyendo a Cook. (De hecho, la situación es un poco más complicada, pero la insinuación no deja de ser peligrosa). Cook ha declarado que el presidente Trump no tiene autoridad para despedirla.

Para Powell, ya es hora de afrontar directamente el asunto de manera formal.

En primer lugar, debería referirse personalmente a las acusaciones contra Cook y comprometerse a que la Fed las investigará. Ya en 2021, Powell pidió a la Oficina del Inspector General que examinara el comportamiento comercial de los funcionarios del banco central en un escándalo diferente; debería hacer lo mismo en el caso Cook.

Teniendo en cuenta las responsabilidades reguladoras de la Reserva Federal, sus funcionarios deberían estar sujetos a los más altos estándares de comportamiento ético.

Al mismo tiempo, Cook se merece una revisión justa de las pruebas antes de que cualquiera se apresure a juzgarla. Entre tanto, Powell debería ofrecerle todo su apoyo para que continúe en la junta, incluyendo su participación en el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés), encargado de fijar las tasas de interés.

En segundo lugar, Powell debería argumentar por qué los ciudadanos estadounidenses y sus representantes en el Congreso deberían seguir apoyando el acuerdo institucional de un banco central independiente.

Las investigaciones demuestran que los países con bancos centrales independientes disfrutan de una menor inflación y un crecimiento económico sostenible, y su proliferación global durante el último medio siglo ha coincidido con una mejora significativa en los resultados macroeconómicos.

Estados Unidos cuenta con su propia experiencia histórica para comprender la importancia de la independencia; fue la influencia de Richard Nixon sobre la Reserva Federal la que contribuyó a sentar las bases para la devastadora estanflación de la década de 1970.

En un comunicado emitido el martes, la Fed reiteró que los gobernadores solo pueden ser destituidos “con causa justificada”.

“Los largos mandatos y las protecciones para la destitución de los gobernadores constituyen una salvaguardia vital, garantizando que las decisiones de política monetaria se basen en datos, análisis económicos y los intereses a largo plazo del pueblo estadounidense”, afirmaba el comunicado. En cuanto a Cook, la Fed afirmó que “acataría cualquier decisión judicial”.

Sin embargo, el público aún necesita escuchar al propio Powell sobre el valor económico de la independencia y la capacidad de la Fed para realizar sus propias investigaciones éticas creíbles. La Fed no tiene ninguna posibilidad de contrarrestar el espectáculo de Trump con un breve comunicado de prensa.

Todavía no está claro hacia dónde se dirige esto.

En un caso separado este año, la Corte Suprema permitió al presidente Trump destituir a miembros de otras agencias independientes, pero el fallo mayoritario también sugirió que la Reserva Federal era una “entidad cuasiprivada con una estructura única”, lo cual constituye un caso especial.

Los gobernadores de la Rserva Federal técnicamente pueden ser destituidos “con causa justificada”, pero no quedó claro de inmediato si las acusaciones relacionadas con hipotecas personales obtenidas antes del servicio de Cook en la institución cumplirían con ese estándar legal.

El abogado de Cook, Abbe David Lowell, declaró este martes que la gobernadora presentaría una demanda para impugnar la medida. “El presidente Trump no tiene autoridad para destituir a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook”, declaró el abogado. “Su intento de despedirla, basándose únicamente en una carta de recomendación, carece de fundamento fáctico o legal”.

El comité de fijación de tasas de la Reserva Federal está compuesto por 12 miembros con derecho a voto. Siete miembros de la junta de gobernadores, elegidos por el presidente por un período de 14 años, además del presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y otros cuatro presidentes de bancos regionales que rotan anualmente como votantes.

En total, hay 12 presidentes de bancos regionales seleccionados con independencia de la influencia de la Casa Blanca, aunque todos están sujetos a la aprobación final de la junta de gobernadores antes de su reelección (que, casualmente, está prevista para antes del próximo marzo).

En el peor de los casos, los gobernadores podrían bloquear técnicamente la reelección de los presidentes, lo que le daría a Trump la posibilidad de asumir el poder por completo.

Pero incluso si llegara tan lejos, la aceptación institucional en la Fed sigue siendo sólida, incluso entre los designados por Trump. Dudo que los gobernadores estén dispuestos a desmantelar sus legados para doblegarse ante el presdiente. Probablemente por eso la reacción del mercado ha sido tan moderada.

El rendimiento del bono del Tesoro a 2 años cayó 4 puntos básicos el martes (lo que sugiere un aumento muy moderado en la probabilidad de recortes de tasas a corto plazo) y el rendimiento del bono a 30 años subió alrededor de 3 puntos básicos (lo que sugiere un aumento muy moderado en la probabilidad de que una flexibilización monetaria imprudente conduzca a una mayor inflación en el futuro).

Principalmente, el mercado está descontando la suposición de que Trump no podrá reestructurar drásticamente la Fed ni cambiar el rumbo de la política monetaria. Aun así, Trump hace campaña a diario contra una institución que ha servido bien a los estadounidenses durante décadas, y eso es un problema en sí mismo.

Muchos economistas creen que las expectativas de inflación son profecías autocumplidas y que la inflación persistente tiende a afianzarse en poblaciones que la dan por sentada. Por ello, los bancos centrales confiables e independientes son formidables baluartes contra la inflación, porque el público sabe que tomarán decisiones difíciles a la hora de la verdad.

Si se permite que Trump siembre dudas, dificultará aún más la solución del problema de la inflación en Estados Unidos, tanto hoy como en el futuro, incluso descartando la posibilidad extrema de que logre un golpe de Estado más amplio.

Por eso es hora de que Powell empiece a contraatacar. No tiene que enfrentarse directamente a la intimidación de Trump, pero tampoco puede dejar que el presidente domine la conversación.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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