Bloomberg Línea — Al anunciar un paquete de aranceles recíprocos sobre los productos de todo el mundo que llegan a Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha “destrozado” los acuerdos que han apuntalado el comercio internacional durante las últimas ocho décadas y ha allanado el camino para una guerra comercial en la que solo importa la fuerza.
Esta es la valoración del embajador Rubens Barbosa, diplomático de carrera que prestó servicio en Washington, D.C. y actualmente preside el Instituto de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior (IRICE). Para él, éste es el principio del fin del sistema organizado de comercio exterior.
“Ha tirado por la borda la Organización Mundial del Comercio (OMC), el sistema multilateral y todas las reglas que los propios Estados Unidos ayudaron a crear”, dijo el diplomático en una entrevista con Bloomberg Línea.
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Según el embajador, fue especialmente sorprendente la narrativa utilizada por el presidente estadounidense en el anuncio, cuando afirmó que Estados Unidos es víctima de la explotación, lo que puede verse como un intento de “reescribir la historia”.
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El análisis de Barbosa ofrece un panorama que se considera preocupante para el futuro del comercio mundial, pero también apunta maneras en las que Brasil puede minimizar los impactos negativos y buscar nuevas oportunidades.
La necesidad de una estrategia clara y la unidad del sector privado para presionar al gobierno son los principales retos de Brasil en este nuevo escenario, según él.
Aunque Brasil se ha visto menos afectado por los aranceles que otros países, con tasas del 10%, Barbosa sostiene que el gobierno brasileño debe actuar con cautela y buscar negociaciones para minimizar los daños.
El embajador y experto en relaciones internacionales sugiere que Brasil negocie cuotas para el acero y el aluminio e intente reducir los aranceles en áreas estratégicas, ofreciendo a EE.UU. una contrapartida. Para él, el país necesita reaccionar de forma pragmática y aprovechar la crisis para replantear su estrategia de integración internacional. Sin embargo, “falta visión a largo plazo y liderazgo”, afirmó.
Lea a continuación los principales extractos de la entrevista.
¿Cuál es el impacto del anuncio de aranceles comerciales de Donald Trump?
La decisión era esperada. Después de tantos avances y retrocesos en las declaraciones del gobierno estadounidense, acabó confirmando lo que muchos ya habían pronosticado. Lo realmente sorprendente fue la forma en que lo anunció. Trump situó a Estados Unidos como una especie de víctima del sistema global. Dijo que el país había sido saqueado por el resto del mundo, como si todo el mundo estuviera robando a los estadounidenses.
Esta narrativa está completamente distorsionada. Históricamente, los países en desarrollo como Brasil siempre han utilizado este tipo de argumento: que han sido explotados por las grandes potencias. Trump invirtió esto y comenzó a adoptar un discurso típico de los países que luchan contra la hegemonía económica mundial, aunque él sea el representante de la principal potencia global.
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¿Su argumento tiene alguna base real o es sólo un discurso político?
No tiene ninguna base. Absolutamente ninguna. El sistema de comercio exterior basado en normas fue creado por los propios Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Ellos fueron los principales artífices de la OMC y del modelo multilateral que organizó el comercio durante décadas. Trump lo ha destrozado. Ha ignorado las reglas, ha despreciado los acuerdos y ha apostado por una decisión unilateral, basada únicamente en la fuerza de Estados Unidos.
El impacto inmediato ya se ha dejado sentir: las bolsas han caído, países como China, la Unión Europea y Japón han empezado a planear respuestas. Y el propio Trump ya ha advertido de que si hay represalias, volverá a responder. Es el típico inicio de una guerra comercial, y una grande.
En el caso de Brasil, el impacto de los aranceles fue considerado menor por muchos analistas. ¿Está de acuerdo?
Es cierto que el impacto directo ha sido limitado, especialmente en comparación con otros países. El comercio entre Brasil y Estados Unidos es relativamente pequeño: alrededor del 11% de nuestras exportaciones y menos del 2% del total de las importaciones estadounidenses proceden de Brasil. Brasil no es un actor importante en este choque.
Eso supuso cierto alivio. La nota de Brasil fue moderada, y el gobierno está, con razón, observando los movimientos internacionales antes de tomar cualquier decisión.
Pero Brasil necesita estar preparado para negociar porque, incluso con un impacto pequeño, formamos parte de este nuevo contexto global y necesitamos proteger nuestros intereses.
¿Qué estrategia Brasil puede adoptar ahora?
La prioridad es negociar. Primero, reanudar el diálogo sobre el acero y el aluminio, intentando restablecer las cuotas de exportación. Después, negociar el arancel adicional del 10% que se ha anunciado. Esto se puede hacer a través de acuerdos de compensación. Por ejemplo, Trump mencionó el tema del etanol: allí tienen un arancel del 2%, aquí es del 18%. Quizá podamos negociar una equivalencia en este punto como gesto de acercamiento.
Pero todo hay que hacerlo con calma, cautela y estrategia. No podemos actuar ideológica o emocionalmente. Brasil no tiene fuerza para tomar represalias, así que tenemos que ser pragmáticos e intentar minimizar los daños.
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¿Es la apertura de nuevos mercados una alternativa viable para Brasil en estos momentos?
Debería serlo. La mejor alternativa sería reforzar el papel de Mercosur como plataforma de negociación. Tenemos casi cerrado un acuerdo con la Unión Europea, que creo que debería estar finalizado a finales de año.
Además, Brasil debería mirar más a Asia. Incluso he defendido que el país solicite unirse al Tratado de Asociación Transpacífico (TPP). Uruguay ya ha pedido unirse, al igual que China. Brasil está perdiendo el tiempo. Tenemos que negociar con Singapur, Indonesia y Japón. Creo que será difícil con Japón debido a las barreras agrícolas, pero tenemos margen con otros países asiáticos.
¿Es Mercosur también un área en la que Brasil puede progresar?
Sí, pero el bloque necesita revitalizarse. Brasil asumirá la presidencia del bloque en el segundo semestre del año y debe aprovechar la oportunidad para proponer cambios estructurales, mejorar el funcionamiento del bloque y promover la integración regional. Mercosur necesita una visión estratégica que vaya más allá de la retórica.
Además de Asia, necesitamos acercarnos a Canadá y México. Pero para ello es necesaria la participación del sector privado brasileño. Muchos sectores son cerrados y proteccionistas. Necesitamos construir una visión conjunta que incluya a empresarios y gobierno.
Usted fue embajador en Washington. ¿Cómo valora el impacto del anuncio de los aranceles en el propio Estados Unidos?
Las consecuencias serán de largo alcance: económicas, políticas y sociales. Trump prometió que estas medidas atraerían inversiones y crearían empleo. Eso no va a ocurrir. Aunque se abran nuevas fábricas, serán automatizadas, robotizadas. No habrá creación de empleo significativa.
Es más, los precios subirán. Los aranceles encarecerán los coches, los electrodomésticos y los productos de consumo. Esto tendrá un impacto directo en el consumidor estadounidense y podría tener graves consecuencias políticas, incluso en las elecciones de mitad de mandato [en 2026].
Desde el punto de vista económico, la reducción del déficit comercial que promete no llegará. Y eso dificultará otras promesas, como la reforma fiscal. El efecto general es negativo.
¿La OMC sigue teniendo un rol en este nuevo escenario?
La OMC se ha convertido en un símbolo. Los países presentarán quejas, como gesto político, para hacer valer su punto de vista. Pero desde un punto de vista práctico, está paralizada. El propio Trump ya ha amenazado con retirar a Estados Unidos de la organización. Si lo hace y corta la financiación, la OMC podría acabar.
El resultado sería un comercio mundial sin reglas. Sería la ley de la selva, donde prevalece la fuerza. Y Brasil, que tiene un comercio exterior de más de US$600.000 millones, necesita previsibilidad. El problema es que no tenemos una estrategia nacional para ello.
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¿Y quién debe construir esta estrategia? ¿El gobierno?
El gobierno no tiene liderazgo. El Congreso no tiene liderazgo. La industria no tiene liderazgo. Así que creo que ahora el sector privado tiene que tomar la iniciativa. Las grandes empresas y asociaciones deben organizarse, proponer soluciones y presionar al gobierno. Hay que cambiar la actitud reactiva.
Brasil necesita una visión a medio y largo plazo que tenga en cuenta las nuevas realidades del comercio internacional: cadenas de producción regionales, acuerdos bilaterales, alianzas pragmáticas. Tenemos que pensar en infraestructuras, competitividad y política industrial. Y nadie lo está haciendo.
¿Los EE.UU. siguen teniendo credibilidad para liderar el sistema internacional?
Ahora ya no. Su credibilidad está muy dañada. Geopolíticamente, Estados Unidos ha invertido alianzas históricas. Fueron enemigos de la Unión Soviética durante 80 años, y hoy parecen más hostiles hacia Europa que hacia Rusia.
Este cambio de postura afecta a la confianza de los aliados. Nadie sabe hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos. Taiwán, por ejemplo, debe estar muy receloso. Si Estados Unidos quiere ocupar Groenlandia, ¿qué diferencia hay entre eso y lo que hizo Putin en Ucrania? Si China decide atacar Taiwán, ¿reaccionará Estados Unidos? Lo dudo.
¿Podría esta guerra comercial convertirse en una guerra real?
No lo creo. Son dimensiones diferentes. La guerra comercial podría perturbar el comercio mundial, dañar los mercados y generar tensiones diplomáticas. Pero no creo que se convierta en una guerra convencional con armas y tropas.
El riesgo geopolítico existe. Hay otros frentes tensos, como Irán, Crimea y Corea del Norte. Pero son disputas puntuales. La guerra comercial es otro tipo de enfrentamiento más tranquilo, aunque también peligroso.